Albert Barqué-Duran: La Inteligencia Artificial como musa del Arte

Las nuevas tecnologías, y la inteligencia artificial en particular, están redefiniendo el concepto de proceso creativo. El ordenador ha demostrado ser una potente herramienta de ayuda en el proceso creativo humano, pero ¿podemos considerarlo una entidad creativa en sí misma? En esta entrevista al investigador y artista Albert Barqué-Duran reflexionamos sobre ello.


Albert Barqué-Duran (Mollerussa, 1989) es investigador y artista. Como investigador, tiene un doctorado en Ciencias Cognitivas de la Universidad de la City de Londres. Sus estudios se centran en el juicio moral y la toma de decisiones, la interacción hombre-máquina y la seguridad de la inteligencia artificial. Como artista, sus obras y performances se inspiran en su investigación científica y combinan diferentes técnicas clásicas de Bellas Artes, como la pintura al óleo, para reflexionar sobre temas contemporáneos. Albert es el líder del proyecto The Architects of Morality, un espacio creativo interdisciplinar que une la creación artística con la investigación académica. Ha expuesto y actuado en el Sónar + D (Barcelona, España), en Creative Reactions (Londres, Reino Unido), en la Cambridge Neuroscience Society (Cambridge, Reino Unido), en el Instituto Max Planck (Berlín, Alemania) y en el SciArt Center (Nueva York, EE.UU.).

Albert Barqué Duran
Albert Barqué-Duran          (Foto de Guillem Trius)


En tus estudios sobre el funcionamiento del proceso de aprendizaje y pensamiento humanos sueles utilizar la pintura surrealista ¿Por qué? 
Cuando empecé el doctorado en ciencias cognitivas, pensé que tenia que hacer un proyecto a largo plazo en el que, utilizando una técnica de Bellas Artes tremendamente clásica como es la pintura al óleo, pudiera hablar y hacer debatir a la gente sobre el conocimiento científico más reciente generado en este campo. Poco a poco, ésto se fue materializando en una corriente que, des de fuera, se ha percibido como una especie de surrealismo actualizado.
Lo de utilizar algún mecanismo muy clásico de Bellas Artes como, por ejemplo, la pintura al óleo, es algo que intento aplicar siempre que puedo, a modo de sello personal, en todos los proyecto que hago donde intervienen ciencia y arte. 

Inteligencia artificial, realidad virtual, impresión 3D… Son muchos los ejemplos que ilustran como los avances en ciencia y en tecnología pueden ponerse al servicio del arte pero ¿puede el arte ser una herramienta de trabajo para la ciencia? 
Para producir conocimiento en el ámbito científico se deben seguir unos formatos muy rigurosos y claramente establecidos. Sin embargo, pienso que sí es posible encontrar nuevas formas con las que experimentar la ciencia. En este sentido, el arte es una herramienta muy potente. Lo que busco con mis proyectos donde mezclo ciencia y arte es poder encontrar nuevos formatos con los que experimentar el conocimiento científico generado.

El pasado mes de junio participaste, junto al artista Mario Klingemann y el músico Marc Marzenit, en la primera edición del Sónar+D  con la propuesta My artificial muse en la que contasteis con el patrocinio de la Obra Social “La Caixa”. ¿En qué consistió exactamente este proyecto ?
My artificial muse fue una performance en la cual durante 3 días pinté una tela gigante de 4 metros por 2 metros usando una técnica eminentemente clásica de Bellas Artes como es la pintura al óleo. La gracia de todo ello residió en que no fuí yo quien decidió lo que había que pintar sino que fue una máquina con inteligencia artificial, en concreto una red neuronal artificial, quien me dijo lo que tenía que pintar.

¿De dónde surge el nombre My artificial muse?
El nombre de My artificial muse se debe a que con este proyecto queríamos plantear, o recoger, preguntas históricas del tipo ¿qué es una musa?, ¿quién puede ser una musa? ¿dónde podemos encontrar una musa? Además, queríamos que ésta fuera una propuesta disruptiva que también plantear preguntas del tipo ¿una musa puede llegar a ser artificial? o ¿una musa que este generada computacionalmente, puede llegar a inspirar a un ser humano tanto como una musa de carne y huesos?


¿Cómo fue el proceso por el cual la máquina generó la obra que posteriormente tu replicaste en un lienzo?
Si tu intentas simplificar al máximo la idea de musa, al final, te quedas con un cuerpo humano. Si esta figura humana la intentas simplificar al máximo visualmente, te quedas con lo que en inglés se llama un stickman (un hombre palo). Es decir, una figura que mediante 4 trazos puedes dibujar adoptando diferentes posturas. Y justamente esta estructura tan simple, un hombre palo adoptando diferentes posturas, fue la información que le dimos a la red neuronal artificial para que pudiera llegar a comprender el concepto de cuerpo humano y todas las posibles configuraciones que este puede llegar a adoptar.
Como queríamos que el público también pudiera aportar algo a este proyecto, durante los meses previos a empezar el Sónar+D propusimos a la gente 4 cuadros muy famosos donde aparecen diferentes musas. Concretamente, La maja desnuda (1800) de Francisco de Goya, Olympia (1863) de Édouard Manet, Ofelia (1851) de John Everett y La creación de Adán (1511) de Miguel Ángel. La propuesta más votada por la gente fue Ofelia que consiste en una figura femenina estirada en un lago. Así pues, la información que le dimos a la máquina fue, simplemente, un hombre palo adoptando diferentes tipos de posturas estiradas. Sólo con esta información tan simple, la red neuronal artificial fue capaz de entender que detrás de esa imagen se escondía un cuerpo humano adoptando una determinada postura y fue capaz de proponernos diferentes obras de arte con esta postura de las cuales nosotros escogimos una;  que fue la que yo estuve replicando durante 3 días en el Sonar+D 2017.

MyArtificialMuse-Ofelia

 

¿Qué feedback obtuvisteis del público que visitó My artificial muse?
Una de las reflexiones más interesante que surgió fue el hecho de constatar que el publico ya empieza a desarrollar una sensibilidad por el arte producido por máquinas; cosa que me parece tremendamente relevante e interesante porque, hasta ahora, era muy difícil que la gente considerar arte algo producido 100% de forma artificial.

 

 


Cuando tenemos ideas creativas es muy difícil explicar cómo se nos han ocurrido. A menudo recurrimos a conceptos imprecisos como “inspiración”, “musas” o “intuición” ¿Puede la ciencia llegar explicar cómo funciona el proceso creativo humano?
A largo plazo, seguro que sí pero hasta la fecha, todavía no ha habido nadie capaz de crear un modelo computacional que no sólo sea capaz de describir un proceso cognitivo humano en concreto sino que también pueda predecir un resultado determinado. En este sentido, todavía queda mucho por hacer pero ya es muy tentador todo lo que se está consiguiendo. Por ejemplo, en el caso del proyecto My artificial muse, la percepción de la gente que trabajamos en este proyecto fue de asombro total ya que el resultado que la red neuronal artificial nos dio lo encontramos muy válido pero ni haciendo lo que se denomina “inducción hacia atrás” (ir razonando hacia atrás desde el final de un problema o situación, para determinar una secuencia de acciones) logramos saber como la máquina había generado el resultado final que nos ofreció.

Esto hace pensar que hay un punto en que la máquina tiene cierta autonomía, no? Que, en algún momento, el ser humano deja de controlarla.
Sí, claro, claro.

Si aceptamos la idea de que las máquinas también pueden producir arte, entonces, ¿deberíamos redefinir el concepto clásico de cultura?
Sí, totalmente. El concepto de cultura, de arte y de todo. Nuestro cuerpo humano condiciona la manera en que los seres humanos percibimos la realidad que nos rodea; nos pone unas fronteras de las que no podemos escapar a la hora de percibir las cosas. Con el desarrollo de la inteligencia artificial, estamos descubriendo que la manera como se puede percibir e interpretar la realidad es mucho más amplia.

Hasta ahora, las máquinas y sistemas de inteligencia artificial que se han desarrollado siempre necesitan un input humano. Es posible un futuro en donde una máquina sea una entidad creativa por si misma? ¿O siempre se necesitará un control final humano sobre este tipo de sistemas?
Bueno, todavía falta muchísimo para llegar a este escenario pero todo el mundo prever lo que se conoce como singularidad tecnológica que se define como ese punto en el que las habilidades o capacidades de la máquina sobrepasan a las del humano. La máquina se convierte en una entidad por si misma capaz de obviar cualquier orden proveniente del ser humano. La pregunta acerca de la singularidad tecnológica no es tanto si pasara sino cuándo sucederá.

Cada vez hay más iniciativas que investigan la zona de intersección Ciencia/Tecnología – Arte. ¿ A qué piensas que es debido?
Una de las reflexiones que hicimos muchos de los participantes y artistas que participamos en el Sónar + D fue que todas las experiencias que se propusieron, fueran artísticas o no, eran experiencias que el ser humano no hubiera sido capaz de generar por sí solo. Incluso con todo el bagaje cultural que el ser humano tiene, los proyecto que se plantearon no hubieran sido posible sin la colaboración con una máquina. La simbiosis humano-máquina, o ciencia-arte, permite llegar a lugares donde hasta ahora culturalmente no habíamos podido llegar. Este hecho me parece tremendamente interesante.

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