Xavier Trepat: Ciencia a ritmo de Jazz

Xavier Trepat no es tan sólo un investigador de primera línea internacional del Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC) sino también un veterano músico componente de la mítica banda de jazz “La Locomotora Negra”. Así pues, el reconocido investigador y músico es un interlocutor de excepción con el que poder hablar de ciencia, de música y de esa zona de intersección donde estos dos campos del conocimiento confluyen.

Xavier Trepat se licenció en Física (2000) y en Ingeniería Electrónica (2001) por la Universidad de Barcelona. En 2004, obtuvo su doctorado en la Facultad de Medicina de dicha universidad. A continuación, realizó sus estudios postdoctorales en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en Boston (U.S.A). En 2011, se convirtió en investigador ICREA, institución que ofrece plazas permanentes a los mejores científicos del mundo, y desde entonces realiza su labor científica en el Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC) donde lidera el Laboratorio de Dinámica Celular y del Tejido. Además, Xavier Trepat es uno de los pocos científicos que tiene en su haber tres proyectos financiados por el Consejo Europeo de Investigación, institución creada por la Comisión Europea para financiar la ciencia de excelencia desarrollada en Europa. En 2015 obtuvo el Premio Banc de Sabadell a la Investigación Biomédica por su investigación dedicada al estudio de procesos biológicos complejos, como pueden ser la formación de las neuronas o las metástasis del cáncer, a partir de las leyes de la física. Hay que decir que este premio es el más importante que se concede en España a investigadores jóvenes en el campo de la investigación biomédica y de las ciencias de la salud.

 

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Xavier Trepat en su laboratorio del IBEC (fuente: PCB-UB)


Pero Xavier Trepat también es un experimentado músico componente de la banda de jazz “
La Locomotora Negradonde toca el trombón de varas. Se incorporó a la formación en 1994 y con ella ha tenido la oportunidad de tocar con músicos de la talla del saxofonista Frank Wess, en escenarios tan importantes como el del Palau de la Música Catalana o en festivales consagrados como el Festival Internacional de Jazz de Barcelona.

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Xavier Trepat en una actuación con La Locomotora Negra.

Por todo ello, Xavier Trepat es un interlocutor de excepción con el que poder reflexionar sobre ciencia, sobre música y sobre esa zona de intersección donde estas dos áreas del conocimiento se encuentran.

¿A qué edad empezaste con la música?
La música, y más concretamente el jazz, ha estado presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Mi padre, además de profesor de historia, es pianista. Por otro lado, uno de mis tíos toca el trombón y otro toca el saxo así que el contacto con la música siempre ha sido algo muy natural para mi. Durante la infancia fue más bien un hobby. Me tomé la música más en serio a partir de los 18 años, cuando empecé a tocar el trombón de varas.

¿Porqué el trombón de varas?

Por un lado, está su timbre que es muy parecido al de la voz humana. Eso me gusta. Por otro lado, me di cuenta de que si aprendía a tocar el trombón tenia más posibilidades de poder tocar en algún sitio. A diferencia de otros instrumentos, como el saxo o la trompeta, el trombón no lo toca mucha gente a pesar de estar presente en estilos musicales tan diversos como la cobla, el jazz o la música clásica.

¿Y el tema de la Física cómo surge? ¿Siempre quisiste estudiar física?
No, yo soy muy escéptico con el tema de las grandes vocaciones. No me las creo, salvo en casos muy puntuales. En realidad, lo que suele pasa es que vas probando diferentes cosas hasta que un día descubres una que te gusta y que se te da bien y entonces se te abren una serie de oportunidades. Así que, no, no hay una razón concreta con la que pueda explicar porqué escogí estudiar física. Una posible respuesta podría ser que, a diferencia de otras ramas de la ciencia como la química o las matemáticas que también me gustaban, la física me permitía abordar las grandes preguntas de la ciencia como, por ejemplo, el Universo. Cosas que para el ser humano son difíciles de comprender y que te hacen replantear la realidad. Esta componente filosófica de la física me atraía mucho.

¿Y la ingeniería electrónica?
A diferencia de la física, de carácter más abstracto, con la ingeniería electrónica aprendes a diseñar cosas concretas que funcionan como, por ejemplo, circuitos o  softwares  para ordenadores o televisores. Eso es muy gratificante y complementó muy bien my formación como físico.

Y después te doctoraste por la facultad de Medicina. ¡Más polifacético imposible!

Entré en la facultad de medicina, en el laboratorio de Daniel Navajas y Ramón Farré, para hacer mi trabajo de final de carrera de Ingeniería Electrónica. Fue todo un poco por casualidad. Conocía a un chico, también físico, que estaba haciendo su doctorado allí y me habló muy bien de ellos. Al poco tiempo de entrar me di cuenta de que el campo de las ciencias de la vida era un área muy interesante.

¿En qué sentido?

En mi opinión, las grandes preguntas de mi generación están en el campo de las ciencias de la vida, en entender como funcionan los sistemas vivos de los cuales sabemos tan poco. En un momento de mi formación, me di cuenta de que la física era una componente muy importante en las ciencias de la vida y que dicha componente estaba siendo básicamente ignorada por la gran mayoría de científicos salvo algunas excepciones como el caso del laboratorio de Daniel y Ramón.

¿Cuál piensas que es la zona de intersección donde ciencia y música se encuentran?
Creo que lo que une a ciencia y música es el hecho de que las dos son actividades creativas. Actividades donde, como dijo el cineasta francés Robert Bresson ,“haces aparecer aquello que sin ti quizás nunca se vería”. Además, la música, al igual que la ciencia, necesita mucho rigor. Así pues, sus hilos conductores son similares. Eso podría explicar porque hay tantos científicos que son músicos. Por otro lado, la ciencia, como la música, es una actividad colectiva. Así como en una sinfonía de música clásica, o en un cuarteto de jazz, el producto final es el resultado de un esfuerzo colectivo, en ciencia pasa lo mismo; un sólo investigador nunca es la única fuente de innovación y creatividad. Esto también es muy importante que la gente lo sepa; que la ciencia es mucho más coral de lo que piensan. No hay un Messi de la ciencia, no hay un tridente. Los avances en ciencia son resultado del esfuerzo de mucha gente.

¿Qué cosas te aporta la música que no te aporta la ciencia? Y viceversa.
En mi opinión, aquello que diferencia la música de la ciencia es la emoción. Las dos son actividades creativas pero con la música buscas despertar emociones y con la ciencia buscas generas conocimiento, es decir, pensamientos racionales.

Sí, porque los investigadores como tu, que realizáis investigación de frontera, lo que hacéis es generar conocimiento; es decir, lo que queréis es entender como funcionan los sistemas vivos, las enfermedades, el mundo en general, pero eso no siempre tiene una aplicación directa ¿Porqué es importante para la sociedad que se genere conocimiento aunque este conocimiento no de fruto a corto plazo?
Como una vez le oí decir a Lluís Torner, director del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), “para poder hacer ciencia aplicada, es decir, para poder utilizar la ciencia para resolver un problema concreto, primero hace falta tener alguna cosa que poder aplicar”. Por ejemplo, cuando James Maxwell descubrió el electromagnetismo en el s.XIX lo hizo por la pura curiosidad de comprender un fenómeno determinado. Tuvieron que pasar cientos de años para que se encontraran aplicaciones de ese conocimiento que van desde la industria armamentística hasta la radio que escuchamos todos. Los científicos básicos como yo no hacemos ciencia para resolver un problema en concreto sino para crear conocimiento. Ésto es importante por sí mismo porque es lo que nos permite ir avanzando en el conocimiento y que un día, con la suma de cada uno de estos granito de información, alguno de nosotros consiga unir todos los punto y resolver un problema en concreto. Así pues, es gracias a la ciencia básica y a todo el conocimiento que ésta genera que podemos hacer ciencia aplicada. Ése es su gran valor y por eso hay que financiarla.

En la música, como en la ciencia, ¿también te gusta trabajar en la frontera del conocimiento?

Sí, al igual que con la ciencia, en el caso de la música también valoro mucho esta ambición de querer hacer evolucionar la manera en cómo pensamos o en cómo sentimos. Subirte a un escenario y crear, explorar, nuevos sonidos, buscar nuevas melodías o despertar nuevas emociones; esa aventura me gusta mucho.

En la música, en las artes en general, la intuición juega un papel destacado. ¿Piensas que la intuición tiene cabida en una actividad racional como la ciencia?

Sí, claro. En mi laboratorio, cada día, entra gente con resultados que no entendemos. No todos estos resultados darán lugar a descubrimientos importantes; muchos de ellos pueden ser artefactos experimentales o simplemente nada relevante. Saber identificar si aquellos resultados que tienes delante son la punta de algo verdaderamente importante o si simplemente son un espejismo no es fácil y yo pienso que ahí la intuición juega un papel importante.

¿Tu experiencia como músico te ha ayudado de alguna manera en tu actividad como científico?
Sí, en varios aspectos. Por un lado, me ha dado seguridad a la hora de afrontar un público sea del tipo que sea. La primera vez que toqué en el Palau dela Música Catalana no debería tener más de 18 años. Esto me ha preparado para otros momentos de mi vida profesional cargados de gran tensión como, por ejemplo, la primera vez que tuve que dar una charla en la Universidad de Harvard delante de los mejores científicos del mundo, con premios Nobel incluidos.
 Por otro lado, la música me ayuda a desbloquearme cuando estoy atascado en un problema científico. Es una de las actividades con las que logro desconectar un periodo de tiempo lo suficientemente grande como para que cuando vuelva a abordar el mismo problema lo vea de forma diferente.

¿Cuáles son las cualidades que más valoras en un científico? ¿ Y en un músico?
Tanto en los científicos como en los músicos, lo que más valoro son la creatividad, entendida como originalidad, el rigor, la persistencia y ser abierto, es decir, estar dispuesto a compartir aquello que estas haciendo con el resto de personas. Porque tu puedes ser muy bueno tocando un instrumento o haciendo tus cálculos pero si no lo compartes con los demás eso no tiene ningún impacto.

¿Cómo habría sido tu vida sin la música o sin la ciencia?

Como soy una persona muy curiosas, pienso que hubiera podido ser muy feliz haciendo muchas otras cosas porque es en esta curiosidad donde encuentro la felicidad. Una de las componentes de la curiosidad es la creatividad y en esta vida hay muchísimas actividades creativas, a parte de la ciencia y la música, que pueden satisfacer la curiosidad de una persona como yo.

 

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