¿Pueden las máquinas crear arte?

¿Puede considerarse arte algo creado por una máquina? ¿Es la inteligencia artificial capaz de generar nuevas formas de expresión artística y hacer evolucionar a las ya existentes a estadios inéditos? 

La Inteligencia Artificial (IA) es la obsesión de los gigantes de la tecnología. Es una realidad que, en los últimos años, esta ciencia se está desarrollando a gran velocidad en campos como las telecomunicaciones, la medicina, las finanzas, el transporte e incluso las artes y la creación.

¿Qué entendemos por IA?

La IA es la rama de la ciencia de la computación que se encarga de estudiar el software y hardware necesarios para que las máquinas puedan replicar las funciones cognitivas propias de la mente humana tales como razonar, aprender, entender, comunicarse… Como resultado, se obtiene un amplio espectro de tecnologías y dispositivos que, normalmente, contribuyen a mejorar nuestra calidad de vida. Los asistentes personales inteligentes de los smartphones, los drones, los frenos antibloqueo (el famoso ABS) de coches, motos o aviones, determinados aparatos de diagnóstico médico o los sistemas anti-fraude de las tarjetas de crédito son algunos ejemplos cotidianos de sistemas basados en IA .

IA y Creatividad

Las nuevas tecnologías, y en particular la IA, están cambiando de forma considerable el proceso creativo. Hoy en día, los ordenadores tienen un papel muy destacado en actividades tales como la música, la arquitectura, las bellas artes o los videojuegos. En todos estos casos, los ordenadores actúan como herramientas que ayudan al proceso creativo ya sea a modo de instrumento musical, lienzo o pincel. Sin embargo, hay científicos que quieren aspirar a relaciones mas ambiciosas entre los ordenadores y la creatividad. En lugar de verlos solamente como instrumentos de ayuda a la creación, quieren explorar las posibilidades de que los ordenadores sean por sí mismos agentes creativos. Este punto de vista ha dado lugar a un subcampo dentro de la IA denominado creatividad computacional.
A continuación, hablaremos de algunos ejemplos de programas informáticos capaces de replicar ciertos aspectos del comportamiento creativo en los campos de la música y el arte visual.

Magenta es el proyecto de Google Brain -la división de inteligencia artificial del gigante tecnológico estadounidense- que investiga si la inteligencia artificial puede crear arte de forma autónoma. Artistas, ingenieros e investigadores, liderado por el músico e ingeniero Douglas Eck, participan en este proyecto basado en las redes neuronales artificiales, o deep learning, un tipo de sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender a entender realidades complejas para, a partir de ahí, solucionar problemas puntuales.

Por decirlo de forma sencilla, Magenta es un sistema pensado para que una máqiuna puedan acabar componiendo y ejecutando música de forma independiente. En lenguaje más técnico, Magenta consiste en una plataforma en la que los usuarios pueden importar archivos MIDI (musicales) y derivarlos a Tensor Flow, una librería de software que han desarrollado en Google para máquinas inteligentes.
Este proyecto ha empezado por la música porque la estructura y regularidad del lenguaje musical facilita que las redes neuronales pueden aprender su estructura temporal pero su objetivo es que también sea capaz de hacer ilustraciones, crear videos…
Por el momento, mucha experimentación. Los primeros modelos de IA de Magenta están ideados para la interacción en tiempo real con músicos electrónicos. El artista compone e interpreta y la máquina responde a esa actividad con propuestas propias complementarias. La idea es que Magenta sea tanto una herramienta con la que los artistas puedan llegar a sitios inesperados como un creador autónomo.

Flow Machines es otro ejemplo de IA aplicada al campo de la música. En este proyecto de investigación, coordinado por François Pachet (Sony CSL Paris -UMPC) y financiado por el European Research Council (ERC), un grupo de científicos han logrado que un sistema de inteligencia artificial componga una canción entera. FlowMachines es un sistema que contiene más de 13.000 melodías, las cuales están conformadas por una gran variedad de estilos musicales, compositores y canciones. Al pedirle que “componga” una canción, el sistema busca en su base de datos y elabora una canción. Sin embargo, el sistema aún no es capaz de trabajar por sí mismo y necesita de un humano que produzca la canción, seleccione el estilo y el género u escriba la letra.

La primera canción compuesta por Flow Machines se llama Daddy’s Car y está inspirada en The Beatles a partir de una letra escrita por el compositor Benoit Carré . En esta canción, la composición, las partituras y el orden de las palabras en la letra son producto de la IA mientras que Benito Carré se ha encargado de los arreglos de la composición.

Además de Daddy’s Car, Flow Machines ha creado otra canción llamada The Ballad of Mr. Shadow inspirada en músicos estadounidenses como Irving Berlin, Duke Ellington, George Gershwin o Cole Porter.

Sin embargo, la primera música creada por Flow Machines data de 2014, cuando consiguieron hacer jazz para la 22ª edición de la European Conference on Artificial Intelligence.

Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) – CSIC, es uno de los pioneros de la IA en España y un destacado experto a nivel europeo. Doctor en física por la Universidad de Toulouse III y en informática por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), entre sus trabajo destaca la investigación en creatividad computacional, especialmente en el ámbito de la música. Él y su equipo fueron precursores de la creación de programas capaces de añadir expresividad a interpretaciones musicales.

¿Es realmente la IA una amenaza?

Para muchos expertos en el tema, el concepto de IA está de algún modo viciado por la ciencia-ficción. Películas como 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick; 1968), Blade Runner (Ridley Scott; 1982), o Terminator (James Cameron; 1984) en dónde una IA extremadamente avanzada toma conciencia de sí misma y decide exterminar a la raza humana han contribuido a crear un concepto erróneo de este campo de la ciencia.

Para empezar, hay que aclarar que dentro de la IA se distingue entre IA Fuerte (IAF) , aquella inteligencia artificial que iguala o excede la inteligencia humana promedio, y la IA Débil (IAD), aquella IA especialista en hacer muy bien una tarea concreta.Un ejemplo de IAD sería el caso de Siri, el asistente personal inteligente de los dispositivos Apple. Siri opera dentro de un rango limitado previamente definido, no hay ninguna inteligencia genuina, sin conciencia, sin vida. La IAD es la que se ha conseguido desarrollar más hasta la fecha y prácticamente la encontramos en todas las áreas de nuestras vidas. Por el contrario, a la IAF se le atribuyen cualidades humanas como la conciencia, la sensibilidad, la sapiencia y el autoconocimiento. Hasta el momento, la IAF se mantiene como una aspiración; esto a pesar de los grandes avances en el campo y la mejora de complejos algoritmos matemáticos. Para muchos expertos, todavía falta mucho para conseguir máquinas con IAF capaces de desarrollar consciencia propia. Así que, aunque la investigación en máquinas inteligentes está evolucionado a pasos agigantados es difícil que en algún momento legiones de máquinas inteligentes se revelen contra los humanos. Y, en cualquiera de los casos, no hay que olvidar que es a los humanos a quien corresponde proveer a estas máquinas de la información necesaria para su buen funcionamiento.

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